Glaciar Perito Moreno, cuándo ir y cómo visitarlo
Agosto 18, 2026

Glaciar Perito Moreno, cuándo ir y cómo visitarlo

El estruendo de un bloque de hielo al caer al agua no se olvida fácilmente. El glaciar perito moreno ofrece esa clase de espectáculo natural, pero también una experiencia muy accesible para quien viaja por la Patagonia argentina con poco tiempo o busca incluirla en un itinerario más amplio. Desde las pasarelas, frente a una pared de hielo que puede superar los 60 metros sobre el lago Argentino, se entiende por qué El Calafate es una parada imprescindible en cualquier viaje por el sur de Sudamérica.

Por qué el glaciar Perito Moreno es diferente

Ubicado en el Parque Nacional Los Glaciares, a unos 80 kilómetros de El Calafate, el Perito Moreno forma parte del Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Su dimensión impresiona: tiene alrededor de 30 kilómetros de longitud y un frente de casi cinco kilómetros. Sin embargo, lo que hace que la visita sea especialmente memorable es la cercanía que permiten las pasarelas y la actividad constante del hielo.

A diferencia de otros glaciares que retroceden de forma continuada, el Perito Moreno mantiene un comportamiento relativamente estable, con avances y retrocesos locales. Esto no significa que sea ajeno a las transformaciones climáticas que afectan a la Patagonia, sino que su dinámica es particular. Periódicamente, el hielo puede llegar a bloquear el Brazo Rico del lago Argentino y formar un dique natural. Cuando la presión del agua rompe ese paso, se produce la conocida ruptura, un fenómeno espectacular cuya fecha no puede predecirse con exactitud.

No hace falta coincidir con una ruptura para vivir una gran jornada. Los desprendimientos ocurren con frecuencia, especialmente cuando suben las temperaturas, y escuchar el crujido previo mientras se contempla la pared azulada es parte de la experiencia. Conviene llevar paciencia: el glaciar marca su propio ritmo.

Cuándo visitar el glaciar Perito Moreno

El glaciar se puede visitar durante todo el año, aunque la experiencia cambia de manera notable según la estación. La mejor fecha depende de si se priorizan temperaturas más agradables, menos visitantes, paisaje invernal o actividades concretas.

Entre octubre y abril, en primavera, verano y comienzos de otoño, hay más horas de luz y una oferta más amplia de navegaciones, excursiones de hielo y salidas regulares desde El Calafate. De diciembre a febrero, los días son largos y el entorno está más animado, pero también es la temporada de mayor demanda. Reservar alojamiento, traslados y actividades con anticipación ayuda a viajar con tranquilidad, sobre todo en fechas festivas.

Marzo y abril suelen ser excelentes meses para quienes prefieren un ritmo más sereno. El otoño añade tonos ocres al bosque patagónico, las temperaturas aún permiten disfrutar de las pasarelas con comodidad y, habitualmente, hay menos afluencia que en pleno verano.

De mayo a septiembre, la Patagonia muestra una cara más silenciosa y fría. Puede haber nieve, viento intenso y condiciones variables, pero también una atmósfera muy especial. Algunas actividades reducen sus salidas o no operan todos los días, por lo que es recomendable diseñar el programa con mayor margen. Para familias con niños pequeños o viajeros que desean evitar el frío, la temporada templada suele ser más cómoda.

Cómo vivir la visita: pasarelas, navegación o trekking

La excursión más clásica combina el traslado desde El Calafate con tiempo libre en el sistema de pasarelas frente al glaciar. Los circuitos están organizados en varios niveles y balcones, con recorridos de diferente duración y desnivel. No es necesario hacerlos todos: elegir dos o tres sectores según el tiempo, la movilidad y la energía disponible permite apreciar el glaciar desde ángulos distintos sin convertir la jornada en una carrera.

Las pasarelas son la alternativa más adecuada para una primera visita, para familias y para quienes desean contemplar el paisaje sin exigencia física alta. Aun así, hay escaleras y tramos de desnivel. Un calzado cerrado, suela con agarre y ropa por capas marcan una diferencia real, incluso en verano. El viento del lago puede hacer que la sensación térmica baje de forma repentina.

La navegación añade otra perspectiva. Desde el agua se percibe la escala del frente glaciar y se observan témpanos que flotan en el lago Argentino. Es una buena opción para quienes ya conocen las pasarelas o quieren completar la jornada con un acercamiento distinto. No sustituye del todo al recorrido terrestre: la vista frontal desde los balcones es difícil de igualar. Si el presupuesto y el tiempo lo permiten, ambas experiencias se complementan muy bien.

El trekking sobre el hielo es la alternativa más activa. Normalmente incluye una navegación corta para llegar al sector de acceso, una charla de seguridad y el uso de crampones proporcionados por el operador. Caminar sobre el glaciar permite observar grietas, pequeños cursos de agua y tonalidades que no se distinguen desde lejos. Requiere cumplir condiciones de edad, salud y movilidad que varían según la excursión, por lo que conviene revisarlas antes de reservar. No es una actividad aconsejable para quien tenga dificultades de equilibrio o no se sienta cómodo en terreno irregular.

Cuánto tiempo reservar en El Calafate

Para ver el Perito Moreno sin prisas, lo ideal es alojarse al menos dos noches en El Calafate. Así se puede dedicar un día completo al parque nacional y conservar margen ante cambios de tiempo, retrasos operativos o llegadas tardías. Una sola noche puede funcionar en un viaje muy ajustado, pero deja poco espacio para disfrutar de la ciudad, recuperarse de los desplazamientos o sumar una navegación por el lago.

Con tres noches, El Calafate permite ampliar el programa con navegación hacia otros glaciares, una estancia patagónica o una combinación con El Chaltén. Esta última opción resulta especialmente atractiva para viajeros que desean unir el paisaje glaciar con senderos de montaña, aunque requiere organizar bien los traslados y las noches de alojamiento.

Desde Buenos Aires, El Calafate suele ser un destino fácil de integrar mediante vuelo interno. También encaja de forma natural en circuitos por Torres del Paine, en Chile, aunque el cruce fronterizo exige prever horarios, documentación y tiempos de carretera. Para itinerarios de varios países, contar con una coordinación centralizada evita que cada traslado se convierta en un rompecabezas.

Detalles prácticos que mejoran la experiencia

El clima patagónico cambia con rapidez. La recomendación más útil es vestirse por capas: camiseta técnica o cómoda, abrigo intermedio, chaqueta impermeable y cortavientos. Añade gorro, gafas de sol y crema solar. El reflejo del hielo y del agua puede ser intenso incluso cuando el cielo está cubierto.

Lleva agua, algún tentempié y batería suficiente para el móvil o cámara. En el área de pasarelas hay servicios, pero las condiciones y horarios pueden variar por temporada. Si viajas con niños, consulta la duración total del traslado y del recorrido para elegir una excursión que se adapte a su ritmo. En muchas ocasiones, menos actividades y más tiempo de observación generan un recuerdo mejor.

También conviene confirmar qué incluye cada servicio. Algunas salidas incorporan transporte y guía, mientras que otras pueden requerir gestionar por separado la entrada al parque, la comida o determinados tramos de navegación. La diferencia de precio entre alternativas no siempre indica una mejor experiencia: depende de la duración, el tamaño del grupo, el nivel de acompañamiento y los servicios incluidos.

En TravelAndes, una visita al Perito Moreno puede formar parte de un programa a medida por Argentina y Chile, con hoteles seleccionados, traslados coordinados y actividades ajustadas al perfil del viaje. Para una pareja puede ser una jornada panorámica con navegación; para un grupo familiar, una excursión bien organizada con tiempos razonables; para viajeros activos, el inicio de una ruta que continúe hacia El Chaltén o Torres del Paine.

Un paisaje que merece atención

Hay destinos que se fotografían y se recorren rápido. El Perito Moreno recompensa lo contrario: detenerse, mirar el hielo durante unos minutos y esperar. Puede que no ocurra ningún gran desprendimiento ante tus ojos, o puede que el silencio se rompa de golpe con un estruendo que cruza el lago. Deja espacio en el itinerario para ese momento: la Patagonia suele revelar sus mejores escenas a quien no tiene prisa.

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